Para cualquier progenitor es duro cuando diagnostican a tu hijo algún tipo de enfermedad. Le cambia tanto la vida a el como a los demás.
Hace unos días a mi hijo de 19 años le diagnosticaron diabetes de tipo 1, así de repente, sin antecedentes familiares, sin mostrar síntomas y por supuesto sin esperarlo.
Todo empezó cuando note que casi no comía y por tanto, que perdía peso. Ya le había pasado en otra ocasión, hace un año y después de una analítica, todo se soluciono con un jarabe para el apetito y unas vitaminas. Pero esta vez y tras el consabido análisis, cual no seria mi desagradable sorpresa, al encontrarle un nivel de glucosa de mas de 300 y un historias de llevar padeciendolo mas de tres meses.
En la misma consulta del endocrino le pusieron su primera dosis de insulina y media hora después salimos de allí con un aparato medidor de azucar, un glucometro, tiras reactivas, 2 bolis de insulina lenta y rápida, un vaso medidor de raciones, folletos informativos, un kit para un shock hipoglucemico, un montón de agujas, cara de susto y los ojos como platos de tanta información.
Nuestra vida ha cambiado y sobre todo la suya. Se pincha insulina 4 veces al dia, se mide el azucar en sangre 6 veces al día, toda la comida es pesada, por no hablar de los alimentos que hemos tenido que suprimir o reducir; ademas hay que tener en cuenta que tiene que ingerir diariamente 2.500 calorías repartidas en seis comidas diarias para recuperar la grasa y masa muscular que ha perdido al tener descontrolada el azucar, su peso se quedo en 42 kilos con 1,70 de altura.
Le he preparado un bolsito, que lleva con el 24 horas, con sus bolis de insulina, su medidor, el glucometro, glucosa y sobres de azúcar para una bajada y su documentación. También le he comprado una chapa con sus datos, su enfermedad y unos teléfonos de contacto.
Le levanto varias veces durante la noche para comprobar que esta bien y no ha sufrido ningún shock porque ya los ha tenido y fue un rato muy angustioso, le llamo y le envió whatsapp desde el trabajo a cada rato. Rezo para no tener que ponerle nunca el kit hipoglucemico en vena.
A partir de ahora tiene que controlarse la vista por un oftalmologo, los pies para evitar el pie diabetico y visitar a un psicólogo que le ayude a aceptar su nueva condición.
Se que hay enfermedades terriblemente peores y sobre todo si ves que las padece tu hijo pero a mi me duele muchísimo ver a mi hijo tan deprimido diciendo que ya no vale para nada, que no puede salir a ningún sitio, etc, etc, sobre todo hasta que asuma sus pocas limitaciones.
¿Que puedo hacer? Supongo que lo que ya estoy haciendo, apoyarlo, animarlo, no darle importancia a todo esto delante de el y sobre todo quererlo mucho
En mi lugar de trabajo hay una compañera que también padece diabetes y a la que el resto de trabajadores llama "la yonky". Siempre me pareció un apodo muy despectivo y que demostraba que tipo de personas son algunas con las que trabajo. Ahora mi hijo también es "un yonky"
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