Es bien cierto que a veces somos los padres los culpables del comportamiento y de la forma de ser de nuestros hijos.
Les concedemos todos los caprichos materiales a nuestro alcance y los que no lo están, tanto para compensar los que no nos dieron a nosotros como para paliar la carencia afectiva y la falta de nuestra presencia, casi siempre, por motivos laborales. Con todo ello fomentamos el poco respeto al dinero y a los esfuerzos para ganarlo y la falta de interés por conseguir una independencia económica así como estabilidad personal "¿Para qué, si todo me lo dan mis padres en casa?", se dicen ellos.
Otras veces ese desinterés por la vida, sus dificultades y la forma de sortearlos esta generado por causa de familias desestructuradas, donde falta uno de los progenitores, por abandono, divorcio o muerte, aunque esta ultima es mejor asumida o los traumas son menores. Esta falta de motivacion es mucho mas acusada en los casos de divorcio y abandono; los pleitos por custodia, juicios por impago de pensiones, falta de interés y cariño por parte del referente paterno que se marcha, odio entre la ex-pareja que lleva a poner a los hijos como escusa y escudo entre las partes e incluso a obligarles a tomar partido por uno u otro bando, sin percatarnos de los trastornos que les ocasionamos. Esto lleva, a veces a nuestros hijos a perder la auto estima, a dejar de quererse y valorarse a si mismos, a no tener ilusión, metas, a generar problemas de relación e incluso psicológicos y físicos; tanto como para volverse a preguntar: "¿Para qué, si nadie me quiere, si no le importo a nadie?".
Hay también otro sector que yo llamaría "enanos chantajistas en potencia" que se dedican, muy inteligentes ellos, a aprovecharse de todos los factores antes mencionados, en su propio favor y hacer lo que les da la real gana, vivir una buena vida a costa de los padres, no pegar palo al agua y si les replicas, aun tienen la desfachatez de culparte de lo mal que les va en la sociedad, de los malos resultados en los estudios, de no tener trabajo e incluso de que les duele la tripa.
Yo, como madre divorciada y permisiva (en exceso)e imagino que como la mayoría de los padres, lo que me pregunto es: "¿En que he fallado?, ¿Soy un fracaso como madre?, ¿Tenia que haber sido mas estricta y menos crédula?, ¿No tenia que haberles permitido y proporcionado tantos caprichos?, ¿Alguien tiene la respuesta?, ¿A estas alturas de su vida, existe solución?, ¿Cuales son las armas para librar tan peculiar batalla?".
En todo este guión de vida lleno de preguntas sin respuesta, yo, particularmente, creo que todos somos culpables e inocentes en igual medida.......Hasta que se demuestre lo contrario.
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